
La ola de asaltos que azota al Alto Paraná sigue sin freno y expone, una vez más, la incapacidad del Departamento de Investigación de Delitos de la Policía Nacional para esclarecer hechos y brindar seguridad a la ciudadanía. Mientras los delincuentes se mueven con total libertad, la población exige respuestas y resultados concretos de una institución que parece más espectadora y cómplice, antes que protagonista en la lucha contra el crimen.
La semana pasada, un suboficial logró abatir a uno de los asaltantes más buscados de la región. Sin embargo, lejos de significar un golpe certero al crimen organizado, la acción quedó como un hecho aislado. Sus cómplices siguen operando sin mayores obstáculos y la banda criminal continúa activa, lo que refuerza las sospechas de complicidad o, al menos, desinterés en desbaratar la gavilla.

Bajo la jefatura del Crio. José Delgado, el panorama es desolador: en los últimos meses ninguna investigación relevante prosperó en el departamento. Los asaltantes recorren tranquilamente las ciudades y caminos, sembrando terror, mientras la Policía parece más ocupada en rencillas internas y “recaudación para la corona” que en cumplir su función real.
A esta inacción se suma un hecho aún más grave: agentes de la propia sede de Investigaciones recientemente fueron denunciados por tener en su poder vehículos de dudosa procedencia, sin que hasta ahora se haya esclarecido el caso. El silencio institucional solo alimenta la indignación ciudadana.
Hace casi tres meses que no se registran detenciones significativas ni esclarecimientos de hechos delictivos. Fallas en la red de informantes provocaron operativos fallidos, reforzando la percepción de que no hay interés en combatir la criminalidad.
Fuentes internas aseguran que Delgado y su subjefe, el Crio. Hugo Sosa, apenas pisan sus oficinas y redujeron al mínimo las intervenciones en la vía pública. Mientras tanto, comerciantes y vecinos advierten que la inseguridad alcanzó niveles críticos: robos, asaltos y homicidios se multiplican, y los autores permanecen libres.

DISPUTA POR EL PODER
La desorganización no se limita a la unidad de Investigaciones. Una aparente disputa por el poder dentro de la Policía Nacional estaría dejando graves secuelas. Superiores con aspiraciones a cargos mayores utilizarían la inacción como “castigo” político para dejar mal parado al director de Policía de Alto Paraná, Crio. Gral. Feliciano Martínez, debilitando su gestión en medio de una puja de intereses personales.
Ante el abandono, el propio Martínez se vio obligado a encabezar pesquisas con agentes de Orden y Prevención, una señal inequívoca de que la unidad especializada simplemente dejó de funcionar. El problema no es menor: el Dpto. de Investigaciones de Delitos cuenta con casi 130 efectivos, pero la ciudadanía no percibe resultados. No hay allanamientos, no hay operativos contundentes, no hay investigaciones que desemboquen en detenciones de peso. La pregunta que resuena en Alto Paraná es lapidaria: ¿para qué están entonces tantos policías en esa oficina si no cumplen su rol?
La crítica también alcanza al trato que algunos agentes dan a las víctimas, a quienes llegan incluso a hostigar como si fueran sospechosas, mientras verdaderos criminales se mueven con absoluta libertad.
El resultado de este cóctel de negligencia, internas y recaudación espuria es visible: calles entregadas a los delincuentes, comercios en zozobra y barrios enteros bajo la sombra del miedo. Lo que debería ser el brazo investigativo más fuerte contra el crimen organizado en el Alto Paraná se ha convertido en un símbolo de fracaso y corrupción institucional. La presión social va en aumento. Líderes barriales, comerciantes y autoridades locales exigen la intervención del Ministerio del Interior para reactivar las investigaciones, sanear la unidad y garantizar que los casos no queden impunes.
FUENTE: DIARIO VANGUARDIA