
Teniendo en cuenta la gran cantidad de denuncias por fraudes o estafas a través de las diferentes plataformas y aplicaciones, expertos en ciberseguridad indican que gran parte de los casos se da gracias a los datos proveídos por las propias víctimas. Afirman que el 70% de la “culpa” recae en las propias personas estafadas, ya que terminan facilitando sus datos personales de manera inconsciente.
En las últimas semanas aparecieron varias personas afectadas por las denominadas ciberestafas financieras. Transferencias de dinero, préstamos aprobados sin autorización del cliente, compras con tarjetas virtuales e incluso vaciamiento de cuentas, son algunos de los golpes que ya se cobraron decenas de víctimas en la zona.
Atendiendo esta situación, las autoridades emitieron alertas sobre el repunte en las estafas virtuales a través de las plataformas de pago digitales. Los delincuentes logran robar dinero o datos bancarios, utilizando los datos proveídos por la propia víctima, respondiendo preguntas capciosas que terminan revelando cuestiones puntuales, además de utilizar perfiles falsos.
El oficial inspector Jorge Ibarra, experto en cibercrimen del Dpto. Contra Hechos Punibles, Económicos y Financieros, indicó durante una entrevista a Radio La Clave, que los delitos de estafa a entes bancarios han tomado fuerza en los últimos meses y que se debe tener en cuenta que el cibercrimen es una modalidad delictiva que vulnera mucho las redes sociales, computadoras y celulares, a través de la ingeniería social. “Estos hechos ocurren porque a las personas a quienes les llaman, es decir, las víctimas, tienen un 70% de culpabilidad, porque no utilizan toda la seguridad necesaria para sus aplicaciones, como contraseñas seguras; o pasan por alto ciertos puntos o pasos que se deben aplicar para tener una buena seguridad”, explicó.
La ingeniería social es una técnica de manipulación psicológica que utilizan los ciberdelincuentes para engañar a las víctimas y lograr que revelen información confidencial, descarguen programas maliciosos o transfieran dinero. En lugar de vulnerar sistemas técnicos, ataca el «eslabón más débil», que es el usuario.
A pesar de estas explicaciones, la queja de la mayor parte de los usuarios estafados es acerca de los mecanismos de seguridad de las entidades bancarias, además del proceso lento y burocrático que deben soportar para por lo menos, tratar de recuperar el dinero perdido.