
En Presidente Franco, el progreso tiene precio: no en guaraníes, sino en pleitesía. El último fin de semana, la “pareja real franqueña” —el intendente Roque Godoy y su esposa, la diputada Roya Torres—acudió al Km 8 Santo Domingo, Fracción Monte Cristo, para inaugurar nada menos que… ¡una cuadra de empedrado! Claro que semejante “gesta” no podía pasar desapercibida. Para celebrar los 30 metros de piedras acomodadas, los vecinos tuvieron que desplegar un circo completo: globos de colores, certificados de reconocimiento, ramo de flores, regalos personalizados y hasta un almuerzo con asado incluido. Una inversión en reverencias mucho más grande que la propia obra.
Así funciona la política en Franco: sin fiesta no hay obra. Quien quiera un empedrado o una plaza, que prepare primero los obsequios y las loas para los monarcas municipales. Las comisiones vecinales lo saben bien: si no se arrodillan ante la corte liberal, el abandono está garantizado. Mientras tanto, barrios enteros siguen con calles destrozadas y necesidades básicas insatisfechas. Pero claro, como no se prestan al show de globos y pancartas, no califican para recibir ni una bolsa de cemento.
La diputada Roya Torres aprovecha cada cinta cortada para proyectarse como “la gran gestora” de las mini obras, con la vista puesta en las elecciones municipales del 2026. Pretende suceder a su marido en la Intendencia, como si Pdte. Franco fuese una monarquía hereditaria y el sillón municipal un trono reservado al clan Godoy–Torres.

Su candidatura fue impuesta en una reunión privada en la mansión familiar, emulando a los patrones colorados que deciden las listas desde el quincho. Los concejales oficialistas aplaudieron y obedecieron, confirmando que en Pdte. Franco la democracia es solo un decorado, como los globos en la inauguración.
ANTECEDENTES
Empero, la diputada no llega con las manos limpias. Su prontuario arranca con el escándalo de los “nepobabies”, donde fue imputada por acomodar a su hijo en la Cámara de Diputados con un sueldo de G. 9.500.000, sin un solo día de trabajo real. También cargó con el caso de la “neposister”, una hermana socioafectiva premiada con un cargo de asesora parlamentaria y aumento incluido.
A esto se suman las denuncias de persecuciones políticas desde la propia Municipalidad contra funcionarios que osaron criticarla en redes sociales. En lugar de propuestas, Torres acumula anécdotas de autoritarismo y favoritismo.

Por su parte, Roque Godoy ya lleva una década al mando y un rosario de irregularidades: el fiasco del almuerzo escolar en 2021, cuando se denunció direccionamiento de licitación y los alumnos quedaron sin comida; la recepción de un polideportivo inconcluso pagado como terminado; adjudicaciones por “vía de excepción” a empresas amigas; y más recientemente, sobrefacturaciones escandalosas en compras de neumáticos y equipos de seguridad que nunca aparecieron.
Todo esto confirma lo obvio: en Franco, el ciudadano ya no es contribuyente ni vecino, sino súbdito. La Municipalidad funciona como una extensión del feudo Godoy–Torres, donde la obra pública se administra como si fueran dádivas personales, condicionadas a la reverencia.
Y así, mientras unos pocos celebran un empedrado con flores y asado, el resto del distrito permanece condenado al olvido. La moraleja es clara: en Presidente Franco, más importante que el presupuesto municipal, es el protocolo cortesano.
FUENTE: DIARIO VANGUARDIA