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Infancia en riesgo: el crimen organizado recluta a menores para el paso de drogas

La droga transportada por una joven de 15 años fue traída hasta Foz.

No tienen rostro para las noticias. No aparecen en fotos y sus nombres quedan ocultos tras el término “adolescente”. Pero cada vez son más visibles en un drama silencioso que golpea las rutas del narcotráfico en la frontera: menores de edad utilizados como correos humanos para transportar drogas.

En apenas cuatro días, dos adolescentes fueron detenidas en Foz de Yguazú transportando cargamentos de droga en operativos distintos. El denominador común: ambas eran mujeres, menores de edad, con el futuro por delante y la maleta llena de sustancias ilegales. El crimen organizado las encontró antes que el Estado.

El primer caso ocurrió el viernes 9 de mayo, en la ruta B277, de Foz de Yguazú. Agentes de la Policía Federal realizaban una inspección de rutina cuando un perro entrenado marcó una maleta. La joven dueña del equipaje, que se preparaba para embarcar en un autobús interestatal, apenas alcanzaba los 16 años. Dentro de la valija, los agentes encontraron 5,4 kilos de hachís cuidadosamente embalados y una pequeña cantidad de marihuana en su bolso de mano. Fue detenida de inmediato y trasladada a la Policía Civil.

Tres días después, ayer lunes, se repitió la historia, esta vez en la ruta entre Foz y Cascavel, en un puesto de control de la Policía Rodoviaria Federal (PRF) en Santa Terezinha de Itaipu. En un coche de viaje por aplicación, viajaba otra menor, de 15 años, con 41 kilos de marihuana y 14 kilos de capullo (una forma potente de cannabis) escondidos en dos maletas. La joven confesó que le habían entregado las valijas frente a un supermercado en la Av. República Argentina y que recibiría 1.000 reales por llevarlas hasta Cascavel. Nada sabía —o dijo— de los responsables del envío o del destino final.

En una maleta de una adolescente se encontró 5,4 kilos de hachís.

Ambas adolescentes fueron conducidas a la Policía Civil, pero lo más preocupante no está solo en las cifras de droga incautada, sino en el patrón que se repite. Las redes del narcotráfico han perfeccionado una maquinaria que utiliza menores como piezas descartables: fáciles de reclutar, difíciles de detectar, fácilmente sacrificables si algo sale mal. La ley los protege, pero el sistema no los cuida.

Mientras el crimen les ofrece una suma rápida a cambio del silencio y el riesgo, el Estado llega tarde con sus políticas de prevención, educación y contención. Las adolescentes no arman rutas, no negocian precios ni hacen contactos en Paraguay. Pero terminan siendo las únicas atrapadas cuando el operativo tiene éxito.

Las autoridades celebran los decomisos —y sin duda son necesarios—, pero cada maleta interceptada es también un grito de alerta sobre el fracaso de fondo: una región fronteriza abandonada, una juventud sin alternativas y una criminalidad que sabe explotar la necesidad con precisión quirúrgica.

La frontera entre Brasil y Paraguay, particularmente en Foz de Yguazú y Ciudad del Este, ya no es solo un punto de paso para las drogas, sino también para la pérdida de infancias.

FUENTE: DIARIO LA CLAVE

MILLAS

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