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Investigaciones, unidad sin resultados: inoperancia, cambios intrascendentes y sombras de corrupción

El Departamento de Investigaciones de la Policía Nacional en Alto Paraná se ha convertido, en los hechos, en una estructura pesada, costosa y prácticamente inservible para la ciudadanía. Con más de 120 agentes destinados al décimo departamento, la unidad debería ser el principal brazo del Estado en la lucha contra el crimen organizado, los asaltos violentos, los secuestros exprés y los atracos millonarios que azotan la región. Sin embargo, la realidad expone un panorama diametralmente opuesto: nulos resultados, cambios internos sin impacto real y una creciente percepción de corrupción e impunidad.

Desde noviembre de 2025, el Departamento de Investigaciones de Alto Paraná está bajo la jefatura del comisario Oscar Adolfo Acuña Sosa, quien asumió el cargo en reemplazo del comisario principal José María Delgado, desplazado tras apenas cuatro meses de gestión marcada por la inacción operativa. Lejos de significar un punto de inflexión, el relevo profundizó el descrédito de la dependencia.
Acuña Sosa llegó al cargo con cuestionamientos a cuestas. Según antecedentes públicos, el actual jefe policial fue denunciado formalmente por un joven de Villa Hayes, quien lo acusó de extorsión y chantaje durante un procedimiento realizado años atrás. Pese a la gravedad de la denuncia, el comisario no solo continuó su carrera, sino que fue premiado con la conducción de una de las unidades más sensibles del país.

NUEVO CAMBIO “COSMÉTICO”
Ahora se produjo un nuevo movimiento interno: el comisario Pablo Zelaya asumió como subjefe de Investigaciones en reemplazo del comisario Hugo Sosa. Se trata de un cambio limitado exclusivamente a la subjefatura, sin modificaciones de fondo en la estructura ni en la conducción general. Zelaya, según fuentes policiales, no cuenta con destaques positivos dentro de la institución ni antecedentes que permitan augurar una mejora en el desempeño operativo. Es más, en 2015 estuvo involucrado en un feroz escándalo, al verse implicado con la banda criminal liderada por el abatido Nelson Gustavo López, alias Yacaré po. En aquel entonces, se le había instruido un sumario, sin embargo, al final, Zelaya salió limpio del proceso.
En la práctica, la Policía de Investigaciones en Alto Paraná funciona como una mera oficina administrativa. Del trabajo que supuestamente realizan sus agentes poco y nada se sabe. No hay procedimientos de impacto, no hay esclarecimientos relevantes, no hay detenciones significativas que hayan desarticulado bandas criminales. Lo que sí abunda son expedientes acumulados, denuncias sin avances y un silencio institucional que indigna a víctimas y a la ciudadanía en general.
Mientras tanto, en Ciudad del Este y otras localidades del departamento operan con total libertad grupos criminales plenamente identificados, cuyos líderes son conocidos por vecinos, comerciantes e incluso por la propia Policía. Ajustes de cuentas, robos violentos, asaltos a mano armada y secuestros exprés se suceden sin que Investigaciones logre presentar un solo resultado concreto. La impunidad parece ser la norma.
Fuentes internas de la Policía Nacional aseguran que los jefes de Investigaciones apenas pisan sus oficinas y redujeron al mínimo las intervenciones en la vía pública. Las fallas en la red de informantes provocaron operativos fallidos y el colapso de investigaciones clave, reforzando la percepción de que no existe voluntad real de combatir la criminalidad. Por el contrario, crece la sospecha de que la unidad está más enfocada en “recaudación para la corona”, negociaciones oscuras y blanqueo de delincuentes, de quienes algunos agentes actuarían como cómplices y encubridores.
La crítica también alcanza al trato dispensado a las víctimas. Numerosos denunciantes relatan hostigamientos, maltratos y desinterés por parte de agentes de Investigaciones, que en más de una ocasión parecen tratar a las víctimas como sospechosas, mientras los verdaderos criminales se mueven con absoluta tranquilidad.
El resultado de este cóctel de negligencia, internas y corrupción es visible: calles entregadas a los delincuentes, comercios en zozobra y barrios enteros viviendo bajo la sombra del miedo. Lo que debería ser el corazón investigativo de la Policía en Alto Paraná se ha transformado en un símbolo del fracaso institucional.

MILLAS

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