
F: Los hermanos, suboficiales, Bonifacio y Miguel Britos, siguen en las filas policiales pese a ser dados de baja en dos instancias de la Justicia Policial.
La podredumbre dentro de la Policía Nacional vuelve a quedar al descubierto con el escándalo de los hermanos Bonifacio y Miguel Britos, suboficiales que, pese a haber sido sorprendidos en Brasil escoltando una carga de 477 panes de marihuana, siguen hoy tranquilamente en filas policiales. Lo más indignante: ya fueron dados de baja por resolución, pero continúan como agentes activos gracias a la tibieza o la inutilidad de la Justicia Policial, de Asuntos Internos y del propio Tribunal de Apelaciones, que permiten a delincuentes con uniforme seguir percibiendo salario del Estado.
El Crio. Gral. Insp. Brígido Ojeda, director de Justicia Policial, intentó justificar lo injustificable en conversación con Radio La Clave. Dijo que el sumario abierto a los Britos fue por “abandono de funciones”, no por narcotráfico. Una ridiculez que raya lo absurdo: dos policías capturados en São Paulo (Brasil) en compañía de narcos brasileños, alegando estar en un “operativo encubierto” con conocimiento del comandante Carlos Benítez. Versión, por supuesto, desmentida de inmediato por las autoridades brasileñas. Pero para la Justicia Policial paraguaya, el problema fue que no fueron a trabajar, no que estaban en un esquema de narcotráfico internacional.
Ojeda incluso reconoce que el juez de sumarios dictó la baja de los Britos, confirmada en segunda instancia por el Tribunal de Apelaciones. Sin embargo, los abogados presentaron un recurso de alzada, lo que, como si fuera un pase mágico, congela la sanción y permite a los “polinarcos” seguir activos en la institución. En otras palabras: la Policía Nacional cuenta con agentes oficialmente expulsados, pero que siguen dentro gracias a un sistema disciplinario diseñado para la impunidad.
NARCOTRÁFICO CON UNIFORME
Y CUOTA DE IMPUNIDAD

La detención en Brasil destapó lo que en Paraguay era un secreto a voces: los Britos jamás cumplían funciones, simplemente pagaban una “cuota de impunidad” a sus jefes. Bonifacio estaba asignado a la comisaría 14ª de Villeta y Miguel a la 10ª Metropolitana, pero nunca se los veía. Sus únicos movimientos eran los pagos a superiores, que les daban vía libre para dedicarse al crimen. El escándalo arrastró incluso a los comisarios Arnaldo e Isidro Gamarra Portelli, responsables de las dependencias donde estaban “destinados” los Britos. Dos narcos con uniforme protegidos por dos jefes de comisaría: un esquema mafioso dentro de la propia institución.
“JUSTICIA POLICIAL”
TIBIA E INSERVIBLE
El caso Britos es la radiografía más clara de una Justicia Policial que no sirve de nada. El sumario administrativo por abandono de funciones es una burla frente a la gravedad del hecho: escoltar droga en territorio extranjero. Ni Asuntos Internos ni el Tribunal de Apelaciones se mostraron capaces de actuar con la celeridad y firmeza que amerita. Mientras tanto, los “polinarcos” siguen activos, con placa, con arma y con salario del Estado paraguayo.
Lo más grave: en Paraguay no se abrió nunca una causa penal contra los hermanos Britos, que incluso siguieron cobrando sus sueldos mientras estuvieron presos en Brasil. Y mientras el comandante Carlos Benítez y el ministro del Interior Enrique Riera repiten discursos sobre “depuración y saneamiento” de la institución, la realidad es que agentes como los Britos son la prueba viviente de que la Policía Nacional es hoy un refugio de impunidad, donde el crimen organizado opera desde dentro y con uniforme oficial.
FUENTE: DIARIO LA CLAVE