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Nombramientos ponen al frente a jefes cuestionados y sin trayectoria operativa en zona muy conflictiva

Los recientes movimientos en la cúpula de la Policía Nacional, tras la designación del nuevo subcomandante César Silguero, provocaron un remezón en varias dependencias clave y, particularmente, un fuerte retroceso para el Alto Paraná. Las nuevas designaciones, lejos de fortalecer la estructura operativa, colocaron a mandos sin experiencia o con antecedentes cuestionables en posiciones estratégicas dentro del esquema de seguridad departamental.

Entre los nombramientos más polémicos figura el del comisario principal Humberto Dionisio Galeano Orihuela, quien asume la jefatura del Departamento de Prevención y Seguridad Ciudadana en reemplazo del comisario José María Martínez. Galeano Orihuela, declarado masón y perteneciente a la misma logia del comandante Carlos Benítez, habría accedido al cargo por afinidad fraternal más que por mérito o capacidad.

Carlos Bartolomé Acosta, nuevo director de Policía del Alto Paraná. Fue sacado de Itapúa, donde desempeñó una pobre gestión.

El fin de semana posterior a su nombramiento estuvo marcado por una seguidilla de hechos delictivos en distintas ciudades del Alto Paraná, como si la criminalidad hubiese encontrado en su llegada una “bienvenida”. Galeano Orihuela, hasta hace poco jefe de comisaría, carece de trayectoria en puestos operativos de gran escala, lo que genera fuertes dudas sobre su aptitud para conducir un área clave en uno de los departamentos más conflictivos del país.

Otro cambio que genera inquietud es la designación del comisario general inspector Carlos Bartolomé Acosta Amarilla como nuevo director de Policía del Alto Paraná. Su antecedente inmediato no es alentador: fue separado de la dirección policial de Itapúa luego de una ola de asaltos a cajeros automáticos y robos violentos, hechos que expusieron severas fallas en su comando.

Humberto Galeano, nuevo Jefe de Prevención y Seguridad. Sería Masón, de la misma logia que el comandante policial Carlos Benítez.

Lejos de ser apartado o investigado, Acosta Amarilla fue “premiado” con una de las direcciones más complejas del país. Según fuentes internas, su llegada responde a su vínculo directo con el nuevo subcomandante Silguero, quien sería su protector político. “Bartolomé es su ta’yra”, comentó una fuente policial, aludiendo a la obediencia y cercanía entre ambos.

JEFES DE INVESTIGACIONES, INOPERANTES Y PROTEGIDOS

La situación no mejora en la Dirección de Investigaciones, donde los titulares comisario principal José María Delgado y su subjefe comisario Hugo Sosa se mantienen en sus cargos, pese a los nulos resultados en materia operativa. Desde que asumieron, no se registra un solo caso de relevancia esclarecido ni detenciones importantes.

El departamento de Investigaciones, que debería ser el cerebro de la Policía en la lucha contra el crimen organizado, atraviesa una parálisis alarmante. Las denuncias por robos agravados, homicidios y asaltos se acumulan sin respuesta, mientras los agentes —según fuentes internas— se dedican más a “la recaudación para la corona” que a su función investigativa.

Los jefes de Investigaciones, José Delgado y
Hugo Sosa, ambos muy cuestionados, pero permanecerían en sus cargos, gracias a sus buenas conexiones con el nuevo subcomandante policial, César Silguero.

La decadencia institucional alcanzó su punto más grave cuando trascendió que agentes de la propia sede de Investigaciones fueron denunciados por tener en su poder vehículos de dudosa procedencia. A pesar de la gravedad del hecho, el caso fue rápidamente silenciado y hasta ahora no existen sanciones ni investigaciones en curso. El silencio de la cúpula policial solo refuerza las sospechas de encubrimiento.

En los últimos meses, el panorama en Alto Paraná es desolador: no hubo operativos exitosos, ni detenciones significativas, ni avances en la desarticulación de bandas criminales. Las fallas en la red de informantes provocaron el colapso de operativos clave, y las patrullas son escasas o inexistentes en zonas calientes.

Comerciantes, vecinos y organizaciones civiles coinciden en que la inseguridad alcanzó niveles alarmantes. Robos domiciliarios, asaltos a mano armada y ajustes de cuentas se multiplican sin respuesta. En los barrios periféricos de Ciudad del Este, Hernandarias y Presidente Franco, los delincuentes operan con total impunidad, mientras las comisarías locales apenas registran las denuncias.

Fuentes policiales aseguran que los jefes Delgado y Sosa raramente acuden a sus oficinas y delegan casi todas las tareas en subalternos, sin plan operativo ni control de personal. “No hay liderazgo, ni estrategia, ni presencia. Solo discursos y órdenes que no se cumplen”, lamentó un uniformado bajo anonimato.

Con la designación de mandos sin experiencia y la continuidad de jefes ineficientes, el Alto Paraná vuelve a quedar a la deriva en materia de seguridad. Los hechos delictivos crecen, el miedo se instala en la ciudadanía, y la confianza en la Policía se erosiona día a día.

FUENTE: DIARIO LA CLAVE

MILLAS

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