
La oficina regional de la Secretaría Nacional Antidrogas en Ciudad del Este atraviesa una grave crisis de credibilidad. Los resultados de sus operativos son cada vez más pobres y contrastan con los logros de las autoridades brasileñas en la frontera. Mientras en el país vecino se incautan diariamente cargamentos de droga por cientos o miles de kilos, en el lado paraguayo la institución se limita a pequeños allanamientos donde apenas logra detener a microtraficantes y confiscar ínfimas cantidades de estupefacientes.
El último “gran logro” divulgado por la Senad se produjo el pasado 21 de agosto, cuando en un allanamiento en el barrio 29 de Setiembre de Ciudad del Este se incautaron apenas dos dosis de crack. La detenida, una mujer, intentó deshacerse de la droga arrojándola al inodoro, pero los agentes lograron recuperarla. El procedimiento fue presentado como parte del “Plan Sumar”, aunque no pasó de ser un caso menor.
Mientras la Senad celebra operativos insignificantes, al otro lado del Puente Internacional de la Amistad, las autoridades brasileñas golpean con contundencia al narcotráfico. El pasado sábado 6 de septiembre, en un control de rutina en la aduana de Foz de Iguazú, la Receita Federal y la Fuerza Nacional hallaron 80 kilos de cocaína ocultos en dobles fondos de una camioneta con placas paraguayas.

La droga fue detectada gracias al trabajo del perro rastreador Echoes, perteneciente a la Receita Federal. El conductor, un paraguayo de 46 años, fue detenido y trasladado a la Policía Federal. En lo que va del año, solo en la franja fronteriza con Alto Paraná, las autoridades brasileñas han incautado más de 200 toneladas de drogas, lo que revela un contraste abismal con la pasividad de la Senad en territorio paraguayo.
TECNOLOGÍA SIN RESULTADOS,
SOSPECHAS DE COMPLICIDAD
La Senad, regional Ciudad del Este, cuenta con equipos de inteligencia, escuchas telefónicas y acceso a tecnología sensible, pero no exhibe resultados contra los grandes clanes de la droga. No hay detenciones de capos, ni desarticulación de redes de tráfico, ni golpes significativos al crimen organizado.
Por el contrario, los operativos parecen concentrarse en jóvenes marginales o pequeños distribuidores, lo que alimenta la percepción de que la institución actúa más como un espectáculo mediático que como una verdadera fuerza antidrogas.
Peor aún, desde Brasil se cuestiona abiertamente la confiabilidad de la Senad. Autoridades antidrogas del vecino país ya no quieren realizar operativos conjuntos, alegando que la oficina paraguaya está infestada de “soplones” que filtran información a los narcos, frustrando investigaciones antes de que puedan concretarse.
Incluso, analistas y dirigentes políticos denuncian que los procedimientos de la Senad en Paraguay no buscan desmantelar redes, sino regularlas, enviando mensajes de advertencia a ciertos grupos narcos para negociar territorios y zonas de influencia. En ese esquema, los jefes de la oficina regional serían los principales responsables de garantizar la impunidad de los capos, a cambio de mantener una fachada institucional con estadísticas infladas por microincautaciones. Las identidades de estas “autoridades regionales” son un secreto guardado “bajo siete llaves”, presuntamente para resguardar su seguridad, pero en realidad, sería más bien una jugada para que los “jefes” puedan negociar directamente y en total anonimato con los capos narcos, sin ser molestados.
Lo cierto es que, a diferencia de Brasil, donde la lucha contra el narcotráfico muestra resultados tangibles, en Paraguay la Senad se ha convertido en sinónimo de inutilidad, sospecha y complicidad. La pregunta que muchos se hacen en Ciudad del Este es inevitable: ¿al servicio de quién está realmente la Senad regional?.
FUENTE: DIARIO VANGUARDIA